Pero lo cierto es que 'The Handmaid's Tale' funciona y muy bien. Cada episodio te deja congelado y con un escalofrío recorriéndote la espalda, ya que es inevitable imaginar desde nuestra cómoda burbuja que esta distopía horrible no lo es tanto en algunos países o sociedades no tan lejanas de nosotros. La serie de Hulu es un abominable retrato del fascismo donde las víctimas, las oprimidas... son las mujeres.
Gilead, la pesadilla
Un régimen jerárquico y fanático, organizado por líderes hipócritas y hambrientos de poder. Un lugar en el que las mujeres no tiene derecho a nada: si eres esteril, se te conoce como "Martha" y sólo puedes ser sirvienta. Por otro lado, si tienes la mala suerte de ser una de las pocas mujeres que quedan fértiles, pasas a ser una "handmaid" (criada), entrenada y educada para ser sistemáticamente violada en un ritual por tu amo, un alto cargo cuya esposa esteril -las únicas que, aparentemente, tienen privilegios- está deseosa por ser madre. Y si no te gusta, obviamente, tendrás que soportar una terrible castigo.
Con esta contundente premisa, queda bastante claro de qué va 'The Handmaid's Tale', y de cómo la traslación en imágenes de la horrible distopía creada por Atwood de la forma en la que Bruce Miller -creador de la serie- lo hace, consigue que la pesadilla sea tan real y tan cercana que apetezca empezar la revolución y unirse a la resistencia tras su visionado.
Así que sí, Gilead es una sociedad que eleva el machismo al cubo y donde, hasta las mujeres aparentemente líderes son sometidas y forzardas, de una forma u otra, a serlo. Pero más allá de su mensaje contra el machismo, 'The Handmaid's tale' reflexiona sobre todo tipo de totalitarismo y abuso de poder, la brutalidad de los extremismos y sus consecuencias. Una reflexión que, en la era Trump y en plena nueva ola feminista, es más oportuna que nunca.
En el momento justo
Mujeres objeto, violencia machista que se incrementa en los últimos años hasta entre las generaciones más jóvenes e incluso la gestación subrogada, son temas candentes en la actualidad y sobre las que se debaten de forma evidente, sin concensión y cruel en 'The Handmaid's Tale'. Marchas multitudinarias por los derechos de las mujeres en todo el mundo ante el triunfo de Trump, activistas con la túnica de las handmaids en Texas en sesiones legislativas mientras se debatía sobre la ley del aborto o un congreso en Madrid promoviendo los vientres de alquiler. ¿Más pistas?
Y todo, en un tiempo en el que conocemos la existencia de campos de concentración para homosexuales en Chechenia, la huida de una malagueña y su pareja egipcia después de que el padre de la segunda amenazara de muerte a la primera y la denunciara a las autoridades del país o las palizas que, de vez en cuando, sufren las parejas por demostrar su amor en público.
Y de nuevo, golpetazo de realidad. Ya sea en Nigeria con el Boko Haram que utiliza niñas y mujeres como armas, el ISIS, los supremacistas blancos de Charlottesville y hasta el abominable autobús naranja del colectivo ultracatólico Hazte Oír que recorrió España. No sin encontrar una obvia resistencia, menos mal.
Por que sí, en definitiva, lo que se pretende es la sumisión. El control total y la eliminación de libertades de los ciudadanos -porque no nos engañemos, una sociedad como Gilead también afecta a los hombres, aunque en otra escala-, para instaurar el pensamiento único, para poder manipular y hacer con ellos cualquier aberración oportuna que favorezca a las altas esferas.
Su narración y puesta en escena
Y todas las claves de su historia se van dando a lo largo de los 10 capítulos, alternando esas tres líneas temporales para que el/la espectador/a contruya él/ella mismo/a el puzzle de la pesadilla y cómo llegó el declive y a crearse esa terrible dictadura. Por eso, su forma de contar, aunque no sea original, quizá ayude a que pasemos por alto la falta de sutileza, su efectismo y hasta el uso de ciertas cámaras lentas que resultan demasiado evidentes.
Una narración que viene aderezada con una impecable puesta en escena. Una aproximación estética que también tiene sus detractores por su perfección y limpieza y que a una servidora, sin embargo, le parece de lo más acertada. Y es que toda su propuesta visual gira en torno a las rojísimas túnicas y blancas cofias que lucen las handmaids. Colores granates y azulados que decoran los impolutos encuadres que convierten la hipócrita perfección de Gilead en algo todavía más turbio e inquietante.
Visto lo visto, decir que 'The Handmaid's Tale' es un distopía no es del todo acertado, ya que desgraciadamente vemos situaciones y actos como los de Gilead a diario en varios lugares del mundo y hasta en nuestra propia casa. Y duele. Y da pánico. Y necesitamos que se sepa que sabemos de que va el asunto y que no podrán con nosotros/as. Todos/as podemos ser June.
Fuente: https://www.espinof.com/series-de-ficcion/the-handmaids-tale-la-escalofriante-distopia-que-llego-en-el-momento-oportuno
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